El pasado día 22 de octubre, El País, que está publicando distintos artículos sobre la vida de los llamados “expats”, se fijaba en Suecia. Abordar una temática tan compleja como ésta a partir de las experiencias de unos pocos colaboradores, en un alarde de periodismo low-cost, es arriesgado, casi tanto como caer en la generalización o en la expresión de una opinión demasiado personal. Sin embargo, el artículo, titulado “No recomendaría a nadie venir a Suecia a la aventura o a ver qué sale” da en el clavo en una serie de cuestiones.
Y lo que voy a exponer aquí sirve para Suecia, pero también para los otros países comunitarios, e incluso para cualquier migración interna en territorio español. Lo expongo desde una visión personal, fruto de mi visión elaborada a lo largo de los años de cómo es la sociedad sueca. Me encantaría equivocarme en muchas de las cosas que voy a exponer.
Lo primero que debe tenerse en cuenta es qué valor podemos ofrecer en el mercado destino. Somos un producto, con nuestras virtudes y carencias. Lo segundo es estudiar el mercado e identificar a nuestra competencia, y, de igual modo, preguntarse si el mercado está dispuesto a “comprar” el producto que ofrecemos.
En el caso de los empleos poco cualificados, ni nos planteemos Suecia como destino. Como se comenta en el mencionado artículo, la competencia es feroz entre inmigrantes de países del Este y entre refugiados políticos.
En el caso de empleos cualificados, importa, como se dice en sueco, entre cero y nada, la experiencia que tengamos si no somos capaces de satisfacer una necesidad de mercado. Aquí aplica la ruleta de la fortuna. El momento preciso en el lugar idóneo nos dará un trabajo. En el resto de situaciones, debemos competir. Y la competencia más intensa es con los propios suecos: gente cualificada, políglota y que juega en casa.
¿Cómo competimos con candidatos suecos? Evidentemente, y con la única excepción de empresas en las que el inglés sea la lengua “oficial”, y, para empezar, aprendiendo sueco. Incluso trabajando en un entorno anglófilo, el hecho de hablar sueco será visto como una muestra de voluntad de integración. ¿Es necesario acudir con conocimientos de sueco desde el principio? Sí, a no ser que lo queramos aprender sobre el terreno y dispongamos de fondos para subsistir. Pero el idioma es únicamente condición necesaria pero no suficiente.
Vivir y trabajar en Suecia requiere también un periodo de adaptación. Principalmente, a tres elementos: el clima, la luz y las relaciones sociales. Por ello, una buena vía de entrada es la de realizar estudios universitarios, de postgrado o máster. La formación presencial nos permitirá evaluar si nos vemos viviendo en el país, hacer contactos y conocer las reglas del juego. Todo ello potenciará nuestras posibilidades de encontrar un trabajo.
Como comunitarios, tenemos todo el derecho de trabajar en Suecia. Pero tener el derecho no significa que nos tengan que facilitar necesariamente un empleo. Sí que podemos disfrutar de ciertos beneficios. El pasado día 13 de octubre, la comisión de la UE recordaba en Twitter que los ciudadanos de la UE podemos recibir de Arbetsförmedlingen, el organismo público de empleo sueco, los mismos servicios que recibe cualquier ciudadano sueco. La realidad es distinta en la mayoría de los casos, y si la comisión de la UE lo tiene que recordar debe de ser por algo. Por lo que he percibido, en la mayoría de los casos, el no cumplimiento de este derecho es por falta de información de los funcionarios que te atienden, por lo que, si nos acercamos a cualquiera de sus oficinas, no está de más llevar unas cuantas hojas impresas con nuestros derechos.
El tiempo es un elemento que siempre jugará en nuestra contra. Vivir en Suecia es caro, y la falta de vivienda (menuda paradoja en uno de los países más avanzados del mundo) es un verdadero problema, por lo que igual pasamos un periodo en condiciones poco óptimas. Una buena estrategia al respecto es buscar trabajo en zonas clúster menos pobladas (como Sundsvall en el mundo de los seguros o Umeå en el de la biotecnología). Pero, sea como sea, el intento requiere de una bolsa de seguridad, de una autonomía personal de, por lo menos, seis o nueve meses.
Y, a pesar de las dificultades que conlleve conseguir el éxito en nuestra misión, recordemos que: Suecia es un país precioso; su sociedad, una de las más avanzadas del mundo y la cuarta más igualitaria; los sueldos son altos; las jerarquías en el trabajo planas; el trabajo de equipo una norma; y las amistades, para toda la vida.
(Del blog de Marc Rojas http://www.notehagaselsueco.es)
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