Impuestos suecos con ojos argentinos

 

En términos de presión impositiva, Suecia nos gana por seis puntos, pero la distancia de 13.300 kilómetros que nos separan de Estocolmo se mantiene en toda su dimensión cuando se mide la devolución del Estado sueco a sus ciudadanos. Es cierto que no se compara el país de la reina Cristina, que abdicó en el año 1654, con el de la presidenta Cristina. Pero Damián Migueles, egresado de la Universidad de Buenos Aires, doctor en Economía por la Stockholm School of Economics y que se desempeña como subdirector del departamento de Economía y Tributación del Ministerio de Economía sueco, descubrió algunas lecciones. Migueles aclaró a Clarín que opinaba a título personal.

La presión impositiva en Suecia supera todos los paramétros con 44% del PBI. En Argentina, lo que se ha dado en llamar la carga tributaria efectiva llega al 38%, según el especializado IARAF. Migueles señala que los impuestos tienen un rol a la hora de transformar la economía. Por ejemplo, incentivando el uso de tecnologías verdes y desalentando el consumo de productos que implican costos a la sociedad, como el cigarrillo o el alcohol. “El sistema sueco se reformó bajo estos principios en 1991 para financiar la seguridad social que cubre todas las necesidades del individuo”.

Con la desaceleración de la economía, en Suecia utilizan impuestos que impactan lo menos posible en la actividad y en el empleo. “Es mejor ensanchar las bases impositivas (eliminando excepciones, por ejemplo), que elevar las tasas de los impuestos. Así, hay reducción de impuestos para quienes contraten jóvenes desempleados”, dice el economista que elogia a una Suecia que enfrenta estos tiempos de vacas flacas con un gran superávit fiscal y bajo endeudamiento. Claro que luego de cinco años de crisis europea, a Suecia también se le está acabando la “pólvora fiscal”.

Cuando se le pregunta por el sistema argentino, Migueles critica la alta presión en impuestos directos sobre la gente y sobre las empresas que trabajan en blanco. En la región destaca el ejemplo de Brasil, que “con Lula hizo de la disciplina fiscal una regla de oro”.

Silvia Naishtat, Clarín

 

 

Sueco en el Instituto de Cultura Sueca. Más de 25 años de enseñar con seriedad la lengua de August Strindberg e Ingmar Bergman.