SOBRE MATRIÓSHKAS Y MAMUSHKAS. Por Natalia Mijáilovna Telépina
Los patronímicos, su origen y significado en distintos idiomas.
Para muchas culturas, no resulta fácil comprender para qué los rusos precisan "patronímicos" y qué significan, ya que en estas no existe nada que se le parezca.
Todo nombre propio es una palabra, pero una palabra que ha recibido propiedades especiales, una coloración completamente nueva.
El nombre es incluso capaz de cambiar las características de su dueño, o hasta cierto punto determinarlas.
Hace unos años recibí mi DNI en una dependencia oficial, aquí en la Argentina. Recuerdo que yo estaba muy contenta, a punto de firmar y de recibir el tan ansiado documento, cuando se oyó la severa voz de una empleada. El problema era que le parecía raro que en mi pasaporte ruso hubiera tres nombres y en el DNI argentino sólo dos. El anhelado documento se alejaba de mis manos y sólo la enérgica intervención de mi amigo argentino salvó la situación.
¿Qué fue lo que desconcertó a esta señora? Mi patronímico. El asunto es que, para muchas culturas, no resulta fácil comprender para qué los rusos necesitan "patronímicos" y qué significan, ya que en éstas no existe nada que se le parezca. Todos, incluso los mismos rusos, creen que el "patronímico" es una invención exclusivamente rusa. Pero, ¿es esto cierto?
Para responder a esta pregunta comenzaremos por el nombre de pila. ¿Por qué juega un papel tan importante en nuestras vidas? La persona lleva su nombre durante toda su existencia, e incluso se lo lleva a la tumba. A veces sucede lo siguiente: alguien muere, se desintegran sus restos, desaparece su lápida, se extingue su linaje, pero su nombre de pila continúa viviendo durante siglos.
Todo nombre propio es una palabra, pero una palabra que ha recibido propiedades especiales, una coloración completamente nueva. Estas propiedades nos obligan, sin que seamos conscientes de ello, a percibir en el nombre un vínculo más estrecho con su portador del que realmente existe. Es más, si lo pensamos bien, nos daremos cuenta de que el nombre es incluso capaz de cambiar las características de su dueño, o hasta cierto punto determinarlas. Entonces, los nombres poseen una coloración que otorga a quien lo lleva características bastante definidas. Pocas veces notamos esta curiosa propiedad que tienen los nombres de pila, pero hacemos uso de ella continuamente. Por ejemplo, la palabra rusa matrióshka proviene del nombre Matrióna con el que se llamó durante muchos años a las sencillas jóvenes campesinas que venían a trabajar en las ciudades. Ahora llamamos matrióshkas a las divertidas muñecas de madera que se meten una dentro de la otra y que están vestidas con vestimenta campesina antigua. Estas muñecas son llamadas incorrectamente “mamushkas” en la Argentina. Tal es el amplio contenido semántico que puede tener el nombre más común.
Los primeros cristianos en Grecia y en Roma usaban nombres que en realidad no eran cristianos, sino nombres paganos griegos y romanos más comunes. Luego se generalizó la costumbre de llamar a los niños obligatoriamente con el nombre de alguna persona consagrada por la Iglesia como "santa"; pero para recibir los nombres de tales protectores celestiales era necesario convertirse al cristianismo.
El cristianismo se introdujo en Rusia a fines del siglo X, no directamente desde Judea, sino a través de Bizancio (Grecia). Es así como, de manera completamente inesperada, al convertirse, el pueblo ruso se encontró en una situación incómoda. Rusia no podía tener aún sus propios santos, porque estos no podían ser paganos, o sea, no había nombres autóctonos que pudieran ser aceptados por la Iglesia.
A medida que ésta refuerza su influencia, toda persona se vio en la obligación de bautizarse y, si hasta ese momento se habían llamado con nombres que comprendían, por ejemplo, Láda, Liubím, ahora esa situación había cambiado radicalmente.
Ante esta realidad, tuvieron que dar a sus hijos, cual nuevos talismanes, nombres que les eran incomprensibles, que tenían sonoridades extrañas, nombres de origen griego, hebreo o latino. Esto le resultaba muy ajeno al pueblo ruso y surgieron grandes oposiciones, a raíz de las cuales muy pronto nació en Rusia antigua la costumbre, bastante peculiar, de tener dos nombres al mismo tiempo, el "de bautismo" para los asuntos divinos y el "mundano" para los asuntos terrenales.
De a poco y con mucha dificultad, la centenaria censura de la Iglesia rusa fue aceptando algunos nombres paganos, por lo general de príncipes famosos, tales como Iarosláv, Mstisláv, Vladisláv, etc.
Así es como se transformó la palabra latina matrona (con la que se nombraba respetuosamente a la madre, a la dueña de casa) en el nombre ruso Matrióna, que se conserva en la actualidad únicamente en las muñecas de madera o matrióshkas.
Los cristianos ortodoxos rusos poseen un Santoral, un libro que contiene un calendario en el que están marcados todos los santos que se festejan en cada fecha. Esto era necesario porque se solía llamar a los niños según el santo que correspondía a la fecha en que se producía el nacimiento. Si el primero de marzo nacía una niña, se llamaría Antonina. Paulatinamente esta regla dejó de cumplirse estrictamente y los nombres comenzaron a ser elegidos según el gusto de los padres, pero siempre teniendo presentes aquellos contenidos en el Santoral, que hasta 1918 contenía 681 nombres.
La cuestión de los nombres de las personas es diferente en cada punto del planeta, pero en todos lados es básicamente similar: por medio de la prueba y el error se van encontrando los medios que resultan más cómodos para nombrarse el uno al otro. Primero se descubre lo más simple, el nombre de pila, que bien puede responder a la pregunta “¿quién?” Sobre todo durante las etapas tribales de la existencia de la humanidad, el nombre estaba estrechamente ligado a su dueño y permitía distinguir a las personas entre sí. Pero he aquí que los hombres se hacen más numerosos y las relaciones entre ellos empiezan a ser cada vez más complejas. Ya no es suficiente con responder a la pregunta "¿quién?"; surge otro interrogante: "¿De quién es este quién?"
Es a esta pregunta a la que responde el patronímico. El padre de Napoleón Bonaparte se llamaba Karl, pero si llamáramos a Napoleón “Napoleón Karlovich” todos se asombrarían, ya que el emperador francés era corso y no ruso. Si una persona tiene patronímico, es decir la segunda palabra de su nombre completo termina en -vich, eso significa que es ruso.
En ruso, en lugar de explicar: "Éste es Iurii, hijo de Alekséi", simplemente se agrega el sufijo -ich al nombre del padre para los hombres, y -vna para las mujeres. Diciendo simplemente Iurii Alekséievich cumplen con su objetivo, sin necesidad de utilizar las palabras hijo o padre.
Éste es el patronímico ruso que fue omitido de mi documento argentino. La noción "hijo de su padre", es decir el patronímico, puede expresarse de diferentes maneras. Muchos pueblos desconocen el nombre ruso, compuesto necesariamente de tres partes (nombre, patronímico y apellido). Los griegos llamaban heráclidas a los hijos de Heracles. El sufijo -ida griego corresponde con exactitud al ruso -ich, y también significa ‘hijo’. A su vez, tanto en griego como en ruso el patronímico junto al nombre siempre se consideró un símbolo de respeto al dirigirse a alguien. Otro ejemplo es Zeus Crónida, hijo de Cronos, el titán.
La historia de Escocia está repleta de todo tipo de “Mac”: MacIntosh, MacDonald, etc. A tal o cual nombre, por lo general nombres escoceses antiguos, antecede la partícula Mac, que no significa otra cosa que ‘hijo’: el hijo de Intosh, el hijo de Donald. En otras palabras, tenemos ante nosotros los típicos -vich rusos, pero con algunas diferencias: la partícula rusa se encuentra detrás del nombre del padre, en cambio la escocesa le precede. Además, el patronímico ruso se agrega al nombre de pila, en cambio el escocés Mac en la actualidad sustituye al apellido.
Este tipo de apellidos, que como los escoceses son patronímicos ocultos, existe también en ruso, por ejemplo, Serguéi Prokófief. Apellidos del oeste y del suroeste de los países eslavos terminados en -ich, -vich, del tipo de Dimítrich y Mijáilovich, también son patronímicos que, habiendo dejado de cumplir con su función y sin ninguna clase de cambios, se transformaron en apellidos.
Existen a su vez muchos apellidos alemanes e ingleses terminados en -son, y en los países escandinavos -sen, y que significan simplemente ‘hijo de tal’. Robinson, hijo de Robin, Amundsen, hijo de Amund. Las partículas de antiguos patronímicos pueden encontrarse aún hoy en pueblos de lenguas romances, surgidas del latín. En Francia, los apellidos precedidos por la partícula du (Du Roi, por ejemplo, que en ruso sería Korolióv o ‘hijo del rey’). Para los italianos tiene el mismo papel la palabra del: Andrea del Sarto (‘hijo del sastre’). El patronímico oculto se puede detectar también en el español: los apellidos terminados en la letra z, como Rodríguez o Díaz, es muy probable que procedan del antiguo caso genitivo del gótico y que en algún momento estuvieran relacionados con nombres. Por ejemplo, Rodríguez, que se traduciría al ruso como “Rodríguin”, el hijo de Rodrigo. Con Díaz ocurre algo mas complejo. Este apellido significa ‘el hijo de Diego’; el nombre Diego procede a su vez de Diago, y Diago de la reducción de Sant Iago, en ruso “San Jacobo” (Iakov). Entonces, el paralelo ruso del apellido Díaz es Iákovlev (hijo de Jacobo). Ejemplos parecidos, con apellidos que tuvieron función de patronímico, pueden descubrirse en otros idiomas, por ejemplo en los asiáticos.
El patronímico sigue teniendo el mismo significado en todos los rincones del mundo, aunque la noción "hijo de" sea expresada de maneras variadas y disímiles.
Durante un tiempo el patronímico y el nombre de pila fueron suficientes, pero, tarde o temprano, también esta situación llega a su fin. Resulta útil saber no sólo quién es y de que familia proviene, sino también cómo es esa persona. Debido a que la sociedad se hace cada vez mas variable y compleja, aparecen, junto a los patronímicos, palabras que indican determinadas características del sujeto, tales como apodos, profesión, procedencia, apariencia externa, etc. Es por esta vía que nacen los apellidos, que, a diferencia de los apodos, son hereditarios.
¡Qué asombrosos son los apellidos! Ellos no ven la luz por casualidad, ni sin razón alguna, sino que siempre están relacionados con alguna circunstancia de su momento de aparición, circunstancia a la que en muchos casos sobreviven por décadas e incluso siglos.
Es significativo que, relativamente poco tiempo después de su aparición, las personas olviden el origen de su apellido y la razón por la cual se lo asoció a un determinado linaje. Lo que resultaba natural y acertado para un ancestro puede resultar inadecuado para sus tataranietos. Con el tiempo, el lazo existente entre un apellido y la gente que lo usa se vuelve absolutamente casual e incluso incomprensible.
Por ejemplo, los apodos, acerca de los cuales tan maravillosamente escribió el famoso escritor Gogol: "¡Con cuánta fuerza se expresa el pueblo ruso! Si premia a alguien con una palabrita, ésta pasará a su descendencia; la arrastrará consigo a su trabajo, a su retiro, a San Petersburgo y a cualquier confín del planeta... Esto es inevitable. En vano querrás agregar después cómo son tu nariz o tus labios, con un sólo rasgo estarás descrito de pies a cabeza." (Almas muertas, de Gogol)
El apodo señala un solo rasgo de la persona, algo particular a ella, y los apellidos así originados pierden su sentido literal con el tiempo. Andrei Jaritónovitch, integrante de la nobleza, que sin lugar a dudas era una persona entrada en carnes, recibió del Príncipe de Moscú, llamado "El Oscuro", el mote de Tolstoi (que en ruso significa ‘gordo’). De este apodo surgió el famoso apellido de su familia.
El destino de un hombre puede cambiar para nosotros tanto el sonido como el significado de su nombre. Si nos detenemos a pensar un poco todo esto, notaremos algo más: cada palabra se compone no solo de sonido y significado, sino de los matices que le otorgan nuestras relaciones con ella. Tanto ustedes como yo, al oír el apellido Tolstoi no lo asociamos con su significado literal (el adjetivo gordo); para nosotros esa palabra es casi un sinónimo de “gran escritor ruso”, a pesar de que en la enciclopedia de Brockhausen figuran al menos doce personajes famosos con ese apellido. En la familia Tolstoi hubo muchas personas flacas que, sin embargo, llevaban su apellido con orgullo.
Los apellidos rusos por lo general se diferencian del nombre de pila y del patronímico por el agregado de sufijos especiales (de pertenencia, entre otros). ¿Cómo se forman en realidad los apellidos rusos?
PALABRA APELLIDO SUFIJO
Iván (nombre)Ivanóv-ovMaría (nombre)Mariin-in ¿De quién?Kamen' (piedra)Kámenev-ev
Shúia (ciudad)Shúiski-ski¿Cuál?
Rúski (ruso-adj.)Rúskij-ij¿De quién?Zhivóy (con vida)Zhivágo-agoetc.
De esta manera, la mayoría de los apellidos rusos se diferencian de la palabra que les da origen, lo que no sucede con los apellidos ingleses, alemanes y de otros países de Europa Occidental.
En estos últimos, si el apellido se origina en un nombre propio, ambas palabras coinciden. Smith en inglés significa herrero, y el apellido también es Smith. En ruso, en cambio, el apellido es Kusnetsóv (kusnéts = ‘herrero’ + sufijo -ov). Resulta imprescindible aclarar que en ucraniano existen apellidos sin sufijos. En Gogol, por ejemplo, Piótr Petúj (‘gallo’) y Tarás Bulba (‘burbuja’).
El estudio de los nombres, sus significados e historias contribuye a una visión más clara de la lengua, de la vida de las palabras, sin las cuales la vida humana es imposible. Nuestros nombres propios poseen algo que les permite, en algunos casos de manera directa y en otros indirectamente, influir sobre las personas.
Corrobora este hecho el manejo que hacen los escritores de los nombres que eligen para los personajes, y que constituye una de sus preocupaciones primordiales. Les resultan imprescindibles, ya que de ellos dependía y depende gran parte del contenido de sus obras. Los escritores de antaño recordaban y estudiaban muy bien el Santoral, y al elegir tal o cual nombre conocían perfectamente su sentido y significado. El escritor crea todos sus personajes, parecen ser de él, y según como los quiera, así los llama. Pero esta libertad es solo aparente. Por ejemplo, Alexander Pushkin, comprendiendo esto a la perfección, explicaba a sus lectores con paciencia y cuidado por qué había elegido, o más bien por qué debió elegir, el nombre de Tatiana para la hermana mayor en su novela en verso Eugenio Oneguin. Es más, incluso es imposible intercambiar los nombres de un héroe por el de otro en esa misma obra, porque toda la caracterización de los personajes principales se vería modificada. Lenskii no se podría haber llamado Buiánov (del verbo buiánit, en ruso ‘alborotar’) u Oneguin, Petushkóv (de petushók, en ruso ‘gallito’). Los apellidos han atraído siempre la atención de los autores rusos, y parece como si “jugaran” con ellos, cuando en realidad se consideraban muy afortunados si encontraban un nombre adecuado y se preocupaban seriamente cuando no lo conseguían. Ellos recolectaban y anotaban toda clase de nombres curiosos e interesantes. Los apellidos les ayudaban a terminar de delinear la imagen de sus personajes o a completar sus fisonomías. No es por un capricho pasajero que Gogol llamó a los personajes de su novela Almas muertas, a uno Sabakévich (de sabáka, ‘perro’ en ruso) y a la otra Karóbochka (en ruso, ‘cajita’), definiendo con el apellido la característica brutalidad de uno y las limitaciones y la estupidez de la otra.
León Tolstoi tenía su propia manera de encarar esta cuestión. Él tomaba de la vida real los apellidos de sus personajes principales, modificando levemente su fonética, con cuidado y muy poco, para no cortar el lazo entre el apellido y el tipo humano. De esta forma transformó el apellido Tolstoi en Rostov, Volkonski en Bolkonski, Kurakin en Kuraguin, etc. (de su novela La guerra y la paz).
Quiero detenerme un momento en la manera de enfrentar este problema de otro gran escritor ruso: Fedor Dostoievski. Al contrario de Tolstoi, él inventaba, con aplomo, los nombres de sus personajes, intentando que su sonido expresara la esencia de esas personas, la naturaleza de sus almas. A veces utilizaba vías completamente inesperadas. Para empezar tomemos la novela Crimen y castigo. El personaje principal tiene un nombre muy sonoro: Rodión Románovich Raskólnikov. Ya la triple pronunciación consecutiva del sonido duro r nos habla acerca del carácter orgulloso e independiente del héroe; su naturaleza noble es subrayada por su patronímico (Románovich, ‘hijo de un romano’). Ni que hablar del apellido, que contiene todo un complejo de significados entrelazados. En Rusia se llamaba raskólniki (de raskól, ‘escisión, fractura’) a los sectarios que se enfrentaron a la Iglesia oficial a partir del siglo XVII, pero otro significado de la palabra raskól es ‘decir la verdad en un interrogatorio, confesarse culpable’. Que es justamente lo que Rodión Raskólnikov hizo. Si profundizamos aún más, este apellido refleja en su totalidad el conflicto que, desde el comienzo, está latente en la personalidad del héroe y en su lucha interna entre el bien y el mal. Conviene recordar aquí también su primer nombre, Rodión (‘de tinte rosáceo’ en lengua griega).
En las novelas de Dostoievski asombran el detalle, el cuidado y la precisión con que fueron pensados y definidos todos los nombres, no sólo los de los personajes principales, sino también los de los secundarios. La inteligencia y el raciocinio del amigo de Raskólnikov, Razumíjin, son subrayados por su apellido (de la palabra razum, ‘razón’). Otro personaje de esta novela que tiene un apellido significativo es Lebeziátnikov (del verbo Lebezít, ‘adular’). El lastimoso e infeliz borracho Marmeládov tiene un apellido tan "dulce" con el fin de recalcar la magnitud de su caída, el fracaso de su vida y también su manera rebuscada y dulzona de hablar.
Otro de los personajes coloridos de Crimen y castigo es el singular "doble" de Raskólnikov, Svidrigáilov. Mucho tiempo antes de la aparición de esta novela, las revistas rusas de principios de 1860 utilizaban ese apellido para denominar a las personas de origen y pasado oscuros y de una personalidad repulsiva. En Dostoievski también se utiliza este apellido de tal forma que provoca aprensión, desagrado e incluso un sentimiento de terror hacia el personaje, que en verdad era siniestro y repugnante. Este apellido se creó a partir del nombre de un famoso príncipe lituano, Svidrigáila.
De manera convincente y artística, en la obra de Dostoievski, se transmite a través de los nombres la idea de la desprotección de la bondad y de la belleza. En la novela El idiota el nombre de pila del príncipe Míshkin es León (el rey de los animales, el valiente) que resulta estar completamente indefenso en su medio. Su apellido procede de la palabra ratoncito (míshka), que no resulta muy agradable al oído y poco atractiva en el resto de sus aspectos. En apellidos así originados se percibe su procedencia de palabras que minimizan a la persona y hasta le dan un dejo despectivo. El apellido Pushkin es uno de ellos, pero ya no lo percibimos de esta manera.
¿No hubiera dado lo mismo llamar de otra forma a esta persona buena y pasiva de El idiota? No, definitivamente. La imagen del personaje se vuelve más clara y profunda por la oposición entre el apellido y el nombre.
El nombre favorito de Dostoievski era Aleksei (‘el protector’ en griego). En Rusia era muy popular el santo de este nombre. Así llamó el escritor a su hijo fallecido prematuramente, y a muchos de sus personajes, en El jugador, Humillados y ofendidos y por supuesto, a su preferido, Aleksei/Aliosha (diminutivo) Karamazov, de su obra maestra: Los hermanos Karamazov. Al justo Aliosha se le opone en la obra otro hermano, el bastardo Pável Smerdiakóv. ¡Cuánta expresión y significado puso el novelista en este nombre! Su madre era Lisavéta Smerdiáshchaia (que significa ‘hedionda’), una pordiosera loca; su padre era Fiodor Karamazov, cuya casa "apesta a crimen", según palabras de uno de los personajes. El genial autor expresa con exactitud asombrosa en el apellido la desagradable imagen de este hijo parricida, subrayada por su prolijidad externa. Para colmo, los que lo rodean lo llamaban continuamente y con desprecio Smerd, que es la manera en que las personas de clase alta de esa época denominaban a los campesinos, sirvientes y plebeyos, y que quiere decir, literalmente, apestoso.
La actitud bien definida de Dostoievski hacia las mujeres se pone de manifiesto en la elección de los nombres para ellas. Los personajes femeninos de este autor rompen con los cánones establecidos de belleza, ampliando sus límites y encontrándola allí donde los demás sólo veían fealdad y deformidad. Sus heroínas permanecen puras a pesar de sus "caídas". No es casualidad que siempre utilizara el nombre Catalina (La patrona, Niétochka Niezvanova, Los hermanos Karamazov, Crimen y castigo, etc.) que en griego quiere decir ‘siempre pura, inmaculada’. Cuanto más hermosa era la protagonista, tanto mas insoluble era el conflicto de pasiones a su alrededor y en ella misma. La conciencia de su indiscutible belleza, de su valía y humillación son los sentimientos que impulsan a Anastasia Filípovna Baráshkova, la heroína de El idiota, a la muerte a manos del burdo y celoso comerciante Rogozhin. ¡Y qué apellidos tienen! El triste sino de la orgullosa beldad ya está marcado en su apellido (de la palabra baráshek, ‘corderito’, símbolo de la desprotección y el sacrificio). En el sonido del apellido de su marido se reflejan sus limitaciones intelectuales, además de que rogózha, palabra de la que proviene, es en Rusia el nombre de un tipo de género basto.
Las imágenes de las mujeres "caídas" coronan el eje temático de la obra de Dostoievski: la tragedia de la belleza en el mundo contemporáneo. Nuevamente, ciertos medios lingüísticos especiales permiten al autor expresar su comprensión y predisposición hacia sus heroínas.
No fue suficiente llamarlas por sus nombres abreviados, rasgo característico del idioma ruso que crea cierta intimidad (Sofía-Sónia, Agraféna-Grúsha); el autor hizo uso además de sufijos diminutivos en esos nombres, que les dan un dejo cariñoso, como ser Sóniechka, Grúshechka, Dúnechka, etc.
De esta manera, un nombre en manos de un escritor hábil caracteriza en todos sus aspectos a quien lo lleva. La elección de los nombres es, indudablemente, objeto de grandes cuidados por su capacidad de influir tanto en los destinos y pensamientos de sus portadores, como en quienes con ellos se relacionan. Esto lo comprendí al responder a las preguntas de la empleada el día en que recibí mi documento, mientras en mi mente resonaba la pregunta de Pushkin: "¿Qué evoca mi nombre en ti?" Por todo esto firmo con satisfacción este artículo con mi nombre completo en ruso:
Natalia Mijáilovna Telépina
Licenciada en Filología.
Profesora de Lengua y Literatura rusas.